Mi mamá siempre trabajó. Desde muy jovencita, por circunstancias de la vida, tuvo que trabajar. Y tal vez haya sido una suerte porque le forjó un espíritu independiente muy poco común por aquellos tiempos.
Siendo una de las pocas mujeres analistas de sistemas de su época, estaba a cargo un “centro de cómputos” que figuraba entre los top ten del país. Pero a la vez también era mamá, y por eso muchas veces nos llevaba a su trabajo para supervisar alguna emisión importante. Por todo esto, cuando yo tenía siete años mi lugar preferido para jugar era una pecera enoooooorme llena de gigantescas computadoras que funcionaban en un ambiente permanentemente refrigerado a 9ºC.
Todas las mañanas, antes de ir a trabajar, mi mamá entraba en nuestro cuarto y nos dejaba un beso en el pelo a mi hermana y a mí. A veces yo estaba despierta y la abrazaba fuerte. Pero todos los días llevaba un beso cerca de las “colitas” que me hacían para ir al cole.
Mami: te amo!!
Y tal vez por eso, cada mañana antes de ir a trabajar, me acerco sigilosamente a ÉL. Lo beso. Y salgo a comenzar mi día.

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