martes, 7 de septiembre de 2010

La Enfermera


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ELLA tenía un persistente dolor en la baja espalda y le pidió a su mamá que la acompañe al doctor, o sea: le dolía terriblemente!
Siempre había sido medio maricona* para ir al médico, por eso tener a su mamá cerca la tranquilizaba.
El doctor la auscultó exhaustivamente y el veredicto final fue:
-Nena, tenés una lumbalgia atroz.  Te voy a recetar unas inyecciones, te las ponés una por día durante tres días y santo remedio.
(Ehhhhhhh? INYECCION?? Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!)
Pasado el shock, fuimos a la farmacia y compramos las inyecciones.
-¿Por qué no vamos a ver a Angelita? Es enfermera desde hace quichicientos años, y además yo la quiero mucho porque nos conocemos desde que yo era jovencita- me dice mi mamá.
-Dale- asentí pensando: “Si vos la querés, es tu amiga. Si es tu amiga, no me va a hacer doler”.
Angelita es una enfermera ya mayor. Una señora petisita, con guardapolvo blanco, cara de abuelita de Heidi, y sonrisa de muchos dientes.
-Hola querida, cuánto tiempo sin verte!!! –le dijo a mi mamá mientras se daban dos besos.
-Qué tal Angelita, que bien te ves! –dijo mi mamá.
-Qué te trae por acá? Qué tenés? –preguntó alarmada Angelita.
-Nono, es que mi hija tiene que aplicarse una inyección para la lumbalgia…
-Ah, bueno querida, pasá por acá –me dice a mí.
-Angelita, porfis no me haga doler – digo mariconamente, mientras pongo cara de buenita.
Y con su sonrisa de muchos dientes, y refregándose las manos, Angelita me contesta:
-Querida, la vida es dolor…
*maricona: miedosa, temerosa

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